domingo, 24 de febrero de 2008

El maragato arriero

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Richard Ford nació en Londres en 1796. Tras su paso por la prestigiosa Universidad de Oxford, recorre diferentes países europeos. En 1830, problemas de salud en su esposa hacen que se trasladen a España en busca de un clima más benigno. Ford comienza a interesarse por la entonces desconocida realidad española y emprende un viaje a lomos de caballería de 3.000 km. Fruto de este recorrido es la obra “Handbook for travellers in Spain” de donde he extraído la siguiente referencia al “país de los maragatos”:

“Astorga es el centro de la Maragatería, es decir, el país de los maragatos, que tiene una superficie de 4 leguas cuadradas. En ella están comprendidos hasta treinta y seis pueblos, siendo San Román el mejor de ellos. Algunos piensan que la palabra maragato constituye una desviación de Mauregato, el rey que tuvo que pagar a los moros cien vírgenes españolas como tributo anual. Los maragatos no sienten orgullo de tal origen, y lo más posible es que esta historia no sea cierta. Otros, por el contrario, sitúan el origen del nombre en los moros godos, o godos españoles que convivieron entre los moros, es decir, los mozárabes. Ahora los maragatos, como los gitanos y judíos, viven exclusivamente entre los suyos, conservando sus vestidos y tradiciones, sin casarse con nadie que no sea de su raza.

Casi todos son arrieros y se caracterizan por su proverbial honradez y diligencia. Son gentes tranquilas, graves, adustas que van directamente al grano. Sus servicios son caros, pero están compensados por la seguridad que transmiten, ya que se les puede, con toda confianza, entregar cualquier cantidad de oro. Canalizan todo el tráfico entre Galicia y las dos Castillas.

Los maragatos son conocidos por sus excelentes bestias de carga, ya que las mulas de León gozan de gran renombre y sus asnos son esplendidos y abundantes, sobretodo cuanto mas se aproxima uno a la erudita Universidad de Salamanca. Los maragatos tienen prioridad en la carretera, son los amos del camino real, -por ser los canales del camino en una tierra en que las mulas y los asnos ocupan el lugar del ferrocarril. Sabedores de su importancia, ellos constituyen la regla, mientras que el que viaja por puro placer se convierte en la excepción.

Visten justilla de cuero, que les aprietan como corazas, dejando los brazos libres; su ropa aunque basta esta limpia, sobre todo el cuello de La camisa o “gorguera” también llamada «lechuguilla»; alrededor de la cintura llevan un grueso cinturón de cuero, del que pende una bolsa. Los calzones se llaman «zaraguellos». Gastan polainas de tela oscura y larga, sujetas con ligas rojas, el pelo lo llevan corto. Esta ropa, sumamente incomoda para el viaje, viene rematada por un sombrero bajo y suelto.

El vestido de la maragata es igualmente pintoresco, lleva, si ésta es casada, una especie de tocado o “caramiello”, en forma de media luna, cuya parte redonda le cae sobre la frente. El cabello lo llevan suelto sobre los hombros y el delantal, curiosamente atado en la espalda con una faja, les cae abierto por delante y por detrás. En sus fiestas lucen sus adornos, la «joyada», de grandes cadenas de coral metálicas, con cruces, reliquias y medallas de plata. Sus pendientes son muy pesados y se sujetan con hilos de seda.

La gran fiesta son las bodas. Es entonces cuando se reúnen en grandes grupos que eligen un padrino, que da al camarero una cierta suma de dinero, con lo que obliga al resto de los invitados a entregar la misma cantidad. La novia esta envuelta en un manto que lleva puesto todo el día y que nunca mas se vuelve a poner, hasta el día de la muerte de su marido. Ella no baila en la fiesta de bodas. A la mañana siguiente, muy temprano, le son llevados a la cama a la feliz pareja dos pollos asados y por la tarde abren el baile los novios al son de la gaita mora. Sus danzas son serias y graves como su carácter.

Las mujeres trabajan desde antes del amanecer, y es triste verlas fatigándose en estas labores tan poco femeninas."

1 comentario:

Tomás dijo...

Mu buena la Poesía del Tio´rminio.
¡Un artristra!